Después de los 40 es inevitable el incómodo pase por el mamógrafo. El examen de mamas que permite detectar tumores cancerígenos a tiempo, para controlar mejor la enfermedad. Se trata de un procedimiento preventivo importante y debe hacerse una vez al año.
Pues bien, si alguna vez te dio miedo que un
amante estrujara tus senos con fuerza, en un arranque de delirio y pasión, este
examen te curará del susto. Primero, la técnica encargada te jala y te acomoda
los senos como si fueran dos pedazos de carne Angus Prime. Sí, con mucho
cuidado y veneración, pero como si no pertenecieran a tu cuerpo. Ojo, si ya
pasaste por el embarazo y la lactancia, ya sabes lo que significa ceder parte
de tu cuerpo en favor de otro. En este caso, es en favor de ti misma, así que pa
lante, hay que aguantar nomás y dejar que manipulen tus tesoros.
La técnica toma tu seno con las dos manos,
lo coloca en una bandeja y gira las perillas de la aplanadora, una plancha que
presiona tu mama hasta lograr el efecto coyote: dícese del aplanamiento de un cuerpo hasta su mínima expresión, similar
al ocasionado por las caídas de la caricatura en mención, tantas veces
aplastada a causa del correcaminos. Y mientras tanto, tú estás abrazada a
una máquina, con el cachete estrellado en una caja fría de rayos X, esperando
que liberen tu teta asustada. Felizmente, cada radiografía es rápida, toma más
tiempo toda la parafernalia de acomodar tu cuerpo, sintiendo en carne propia la
teoría de Elon Musk de hacerte uno con la máquina.
Estoy impresionada con la gran resistencia
de las mamas, una palabra curiosa, casi homógrafa de “mamás” y con el mismo
significado de fortaleza. Nunca imaginaste que tus tejidos podrían tomar esa
forma plana, menos aún con implantes. Si tienes prótesis, cuando llega el
momento de la aplanadora, lo único que piensas es que explotarán. Pero calma,
los expertos saben lo que hacen.
Un examen normal de mamografía requiere dos
tomas de imágenes por seno, uno de frente y uno de costado. Cuando eres una
paciente que ha pasado por una mamoplastía, te tienen que sacar dos tomas más
por mama. El objetivo de estas tomas adicionales es lograr una buena
radiografía del seno sin implante. ¿Y cómo rayos ocurre eso? Pues aquí es
importantísimo el expertise de la tecnóloga, una verdadera maestra en el arte
de manipular tus tetas. Las toma de las puntas y las jala de tal forma que el
implante queda atrás y tus verdaderas tetas adelante. Nunca te sentiste tan
poco sexy. Así, con sus dedos haciendo pinza en tus senos, los coloca nuevamente
en la bandeja, y deben quedar estirados como aquella imagen que está circulando últimamente en redes, la de Barbie con las tetas derretidas por el calor.
Después de este procedimiento le pregunté a
la amable señorita qué era mejor, tener el implante adelante o detrás del
músculo. Me dijo que definitivamente detrás.
Cuando el implante está por delante, el músuclo hace resistencia y es
muy difícil empujar la prótesis, por lo que en muchos casos el doctor tiene que
mandar a la paciente a hacerse una resonancia magnética. Claro, si existen
sospechas de cáncer.
En conclusión, mis tesoros divinos pasaron
por la aplanadora ocho veces, más una adicional de magnificación, porque mi
caso así lo requería. Ahora ya puedo hacer un check en esta tarea que tenía
pendiente y, si bien no te asegura la vida, al menos es un issue menos en qué
pensar y preocuparse. Next step, el pase a la siguiente especialidad, ya que he
definido que éste será un año dedicado a la salud del cuerpo, aquel que tiene
que resistir un entrenamiento de alto impacto diseñado por cuatro hijos y un marido,
exigencias laborales, viajes, cansancio acumulado en quince años y asuntos no
electivos como la genética. Aquel cuerpo que no solo resiste el esfuerzo físico
sino también tiene que soportar una mente inquieta, que no se detiene. Al
menos, esta mamá ya tiene sus mamas a salvo por un año más.
Imagen: Nude on a blue cushion, Amadeo Modigliani

No comments:
Post a Comment